Saturday March 27, 2004
Humanética
Curando una herida
Hace algún tiempo atendí a una niña de unos 4 años. Era una evaluación de rutina, pero en el transcurso observé que tenía una cicatriz en la frente, no muy llamativa, pero a la que ella le prestaba mucha atención.
Realicé las pruebas de rendimiento correspondientes: concentración, memoria, lateralidad, etc. Su respuesta estaba dentro de lo esperado, con áreas por estimular (como casi todo niño de esa edad), otras dentro del promedio y otras por encima del mismo.Así mismo evalue su aspecto emocional y social. Era una niña que sabía comunicarse bien, y sin embargo bastante tímida, algo insegura y con poca iniciativa.
Días después tuve una entrevista con la mamá. Por alguna razón (no recuerdo exactamente como ocurrieron las cosas, si ella lo mencionó o yo se lo pregunté) una buena parte de nuestra conversación se centró en la cicatriz de la niña. La madre recordó que fue un accidente, ocurrido aproximadamente dos años atrás, en el que ella había tenido parte de la responsabilidad, y desde ese momento hasta ahora no dejaba de culparse a sí misma. En compensación sobreprotegía a la niña dándole muchas mas cosas de las que necesita y cuidándola en exceso, con lo cual no la dejaba desarrollarse.
Hablamos del sentimiento de culpa; le mostré que el rendimiento de su hija era dentro de lo esperado para su edad (le preocupaba que el accidente hubiese dejado una secuela que se manifestara en el rendimiento intelectual); le indiqué que todos cometemos errores (porque somos seres humanos), y tenemo la posibilidad de perdonarnos por los mismos; también hice incapié en que su labor como madre era bueno, y que ahora tenía otro reto por delante: darle mas libertad a su hija, y dejarla que desarrolle su autonomía (incluyendo el hecho de no sobrecargarla de cosas y permitir que ella misma solucione los problemas que están dentro de su alcance). Finalmente hablamos algo de su matrimonio y la relación con su esposo. No era una terapia, solamente una entrevista de orientación, pero no podía desaprovechar la oportunidad para lanzar un estímulo para solucionar este aspecto limitante.
Habrá transcurrido unas semanas cuando me encontré nuevamente con la niña en una reunión en su colegio, donde también asistían los padres. Ella se acercó corriendo y me saludó, e inmediatamente dijo tu me curaste de mi herida, ¿no? (mientras señalaba la cicatriz en su frente). Me quedé mudo porque me tomó por sorpresa. Ella simplemente sonrió y se alejó corriendo nuevamente a jugar con los otros niños.
Evidentemente la herida física estaba curada hace mucho, tan solo quedaba una cicatriz que hacía recordar lo que alguna vez ocurrió, pero ya no sangraba, no dolía, y no representaba ningún peligro. La que había quedado abierta era la herida emocional, representada por el sentimiento de culpa; una herida que no los dejaba vivir en paz ni desarrollarse como corresponde. No fuí yo quién la curo, yo simplemente les mostré que podían hacerlo y nombre uno de los poderosos ingredientes de cualquier medicina emocional el perdón.
Posted at 10:42AM Mar 27, 2004 by Ricardo in Psicología | Comentarios[0]